Pero abajo, en el claro, la batalla rugía como una tormenta. Logan, con la mirada encendida de fuego, estaba sobre Jack. El suelo estaba manchado de sangre y tierra, los cuerpos de lobos caídos yacían alrededor, y los aullidos de dolor se mezclaban con los gruñidos de guerra. Logan lo tenía acorralado; cada golpe, cada zarpazo, cada embestida llevaba el peso de toda la rabia y el dolor que cargaba desde que Mía había sido arrebatada de su lado.
Jack, jadeante, apenas lograba mantenerse en pie. La transformación había desgarrado su cuerpo, y ahora, con cada impacto de Logan, sentía cómo sus fuerzas lo abandonaban.
Finalmente, con un rugido de pura desesperación, se dejó caer hacia atrás y su cuerpo se deshizo de la forma lupina. La piel humana reemplazó al pelaje, y su pecho subía y bajaba con dificultad.
Logan también se desconvirtió, sus músculos aún tensos, el sudor pegándose a su piel desnuda. El aire le quemaba los pulmones, pero su mirada seguía fija, asesina, en Jack. Sin pensa