Pero abajo, en el claro, la batalla rugía como una tormenta. Logan, con la mirada encendida de fuego, estaba sobre Jack. El suelo estaba manchado de sangre y tierra, los cuerpos de lobos caídos yacían alrededor, y los aullidos de dolor se mezclaban con los gruñidos de guerra. Logan lo tenía acorralado; cada golpe, cada zarpazo, cada embestida llevaba el peso de toda la rabia y el dolor que cargaba desde que Mía había sido arrebatada de su lado.
Jack, jadeante, apenas lograba mantenerse en pie.