Luca por fin alcanzó a Teresa en el pasillo que conducía al sótano. La mujer había intentado cerrarle el paso, pero el rugido del joven estremeció los muros. Sus ojos brillaban con un resplandor ámbar, y en cuestión de segundos su cuerpo comenzó a retorcerse.
El crujido de huesos, la expansión de músculos y el estallido de piel dieron paso a la bestia que rugía en su interior.
Un lobo enorme, de pelaje oscuro y ojos incandescentes, se alzó ante Teresa. El aire se impregnó de un olor salvaje, y