Teresa abrió los ojos de par en par, sorprendida, como si las palabras de Luca hubieran atravesado una barrera invisible de tiempo y recuerdos. Su sonrisa se borró por un instante, dejando ver una mueca de desconcierto.
—¿De qué demonios estás hablando? —espetó, su voz cargada de incredulidad, aunque en lo profundo de sus pupilas ardía una chispa de miedo reprimido.
Luca dio un paso más hacia ella, con la mandíbula apretada, sus colmillos apenas asomando bajo sus labios. La rabia en su pecho er