Debes marcarla

Logan no pensó, solo actuó. Sus brazos se cerraron en torno al cuerpo inerte de Mía, sintiendo su calor y el peso extraño de su quietud.

El latido de su corazón era débil pero constante, y eso fue lo único que impidió que su propia rabia lo consumiera en ese instante.

Jacob, aún tambaleante, apoyó una mano en el suelo y se obligó a levantarse. Su respiración era trabajosa, cada movimiento le arrancaba un quejido sordo, pero sus ojos, llenos de preocupación, se posaron en Mía.

—Déjame ayudarte…
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