El aullido lejano no era un saludo, ni una advertencia. Era un desafío. Uno que Logan reconoció al instante. El eco profundo resonó por todo el territorio Tormenta, seguido por otros, más cercanos y numerosos.
Renegados.
Logan se giró hacia la ventana abierta, aspirando el aire frío de la noche. El olor era inconfundible: lobos extraños, hambrientos de sangre y guerra. Entre ellos, un aroma más fuerte y corrosivo: el de Jack.
“—A todos, protejan el perímetro” —ordenó mentalmente, su voz retumba