Los rugidos de Logan atravesaron la espesura del bosque como un trueno interminable. Sus garras estaban teñidas de sangre, su pelaje oscuro brillaba entre la luz de la luna y el resplandor de las llamas que aún devoraban los restos de la emboscada. A su lado, Luca, con los colmillos manchados, destrozaba sin piedad a cualquiera que se interpusiera en su camino.
La tierra estaba cubierta de cuerpos, un rastro de lobos enemigos que habían osado a arrebatar lo más sagrado: Isabella, la hija de Log