Matteo inclinó ligeramente la cabeza en gesto de respeto hacia Mía. Pero en sus labios había una sonrisa contenida, casi insolente, como si supiera perfectamente que su presencia allí significaba mucho más que una simple coincidencia.
—¿Y tú quién eres? —preguntó Logan con voz firme, aunque en su interior un instinto extraño se alzó como una alarma.
El joven alzó la mirada, dejando que sus ojos se clavaran un segundo más en los de Mía antes de dirigirse al alfa de la manada Tormenta.
—Me llamo