—¡Ella miente!
La voz de Layla resonó en todo el salón del trono.
Sus palabras no eran una simple acusación; eran una declaración pública destinada a sembrar duda en cada miembro de la manada.
Meissa no retrocedió. Permaneció erguida frente a los ancianos, los comandantes y los guardias. Su expresión era firme.
—Ordeno que traigan al notario —dijo con claridad—. Él podrá verificar la autenticidad del documento y del sello.
Lirian la miró sorprendida. No esperaba una reacción tan directa.
—Bien