Meissa cruzó el umbral del palacio. En sus brazos, envuelto en una manta, el pequeño Marvin se aferraba a su cuello. Su aroma, una mezcla de leche y bosque húmedo, calmaba momentáneamente la tormenta de pensamientos de la Luna.
Sin embargo, apenas sus botas resonaron en el mármol, una figura desaliñada y frenética surgió de las sombras de las columnas.
Stelle.
La madre del heredero se lanzó hacia adelante. Su rostro, antes hermoso, estaba desfigurado por la desesperación y una rabia tan pura qu