Lady Stelle salió de la Gran Sala con el corazón pesando como si estuviera hecho de plomo.
A su lado, la Luna Madre, Lirian.
—Parece que... he juzgado mal a la Luna Meissa —comentó Lirian, su voz resonando con una autoridad que no admitía réplica—. No es la loba cruel y ambiciosa que pintaban los rumores de la corte. Sabe ser Luna. Sabe cuándo mostrar los colmillos y cuándo ofrecer la palma de la mano. Hay una bondad en ella que es impropia de los que solo buscan poder.
Stelle sintió una punzad