Alfa Lysander entró por la gran puerta del castillo con paso firme, seguro, como si aquel lugar ya le perteneciera desde antes de cruzar el umbral.
La madera maciza crujió bajo su peso, un sonido grave que resonó en el corredor como una advertencia silenciosa.
Los lobos que lo acompañaban avanzaron detrás de él, sin pronunciar palabra, atentos, alertas, con los sentidos abiertos y los músculos tensos, listos para reaccionar ante cualquier amenaza.
Su presencia llenó el pasillo de inmediato.
No