Meissa observó el pequeño frasco vacío sobre el tocador.
El cristal aún conservaba el rastro del líquido que acababa de ingerir.
No le importaba el riesgo, ni las consecuencias, ni el juicio de la manada.
Si los enemigos y los rivales dentro del clan iban a jugar sucio, utilizando trampas y artimañas para desestabilizar su posición, ella no se quedaría de brazos cruzados observando cómo intentaban arrebatarle lo que era suyo por derecho de sangre y destino.
Ella también jugaría sus cartas. Har