Layla corrió por los pasillos del palacio sin detenerse. Sus pasos resonaban con rapidez sobre el suelo de piedra mientras sus lágrimas caían sin control. Apenas podía ver con claridad, pero sabía exactamente a dónde debía ir.
Llegó al gran salón del trono. Las puertas estaban abiertas y, al entrar, vio a su hermano sentado en su lugar habitual.
Alfa Lysander estaba allí, serio, con la espalda recta y el ceño ligeramente fruncido. Parecía estar pensando profundamente.
Cuando vio a Layla entrar