Avanzamos con mucho cuidado, procurando no perder el equilibrio y la firmeza de Dízaol ayudaba a que mi esposo no sufriera más por el traslado. Finalmente llegamos a la tienda y Sialen corrió a encender los candelabros y antorchas, a la vez que los médicos se preparaban para el difícil proceso de intentar salvar a su rey.
No me pasó inadvertido el vendaje que cubría la cabeza del médico y el estado quejoso de las mujeres que le asistían, pero ninguno de los presentes en aquella tienda estábamos