—Sé que este no es el recibimiento que esperabas— murmuró mi esposo—. Nada me habría gustado más que tener buenas noticias y horas suficientes para demostrarte cuanto te he extrañado, pero al parecer no seremos felices hasta que acabemos con Éhiel.
En eso estábamos de acuerdo, porque si bien había creído que el astil del fuego sería el principal obstáculo para nuestro amor, ahora me quedaba claro que el bárbaro era el único al que realmente debíamos temer.
Me incliné un poco para besarlo y ar