Sin dudas yo prefería conversar con las guerreras que habían sido repudiadas por el astil del fuego y consideré un triunfo el haberlas ganado para mi séquito, ya que eran las mejores mensajeras que podía tener. La ausencia de espías lo demostraba y sobre todo, porque al recibir las cartas de mi tío, sus palabras confiadas demostraban que eran un medio seguro para comunicarnos.
Dízaol de Sethen, el cabeza de mi guardia real y el alto señor de la Luna, estuvieron de acuerdo en que esas mujeres