Él advirtió que me había ofendido y extendió la mano para tomar la mía, en un gesto cariñoso que me desarmó.
—Debe comprender que corre mucho riesgo al exponerse— me recordó—. Estoy mucho más tranquilo al saber que la protegen guerreros experimentados, dentro del castillo, que no cuando cualquier intruso puede acercársele.
Quise agradecerle por su preocupación y devolverle la caricia, pero el astil del fuego hizo su inoportuna entrada, acompañado por Leanne.
—Majestades, me complace traerles bu