El astil del fuego ordenaba a gritos y los asesinos desaparecieron de mi vista, dejando a las doncellas temblorosas y a los guardias rabiosos.
—Me alegro de que sea tan amable y compresiva, mas no hallo sentido a que se lleve a cabo esta ceremonia, ya que la tensión lo impide — me dijo—. Todos sabemos que el tesoro ha llegado intacto al reino y que su tío cumplió cuanto prometió a nuestro amado rey Ódgon.
Él desconocía mis intenciones de entregarle una dote a parte del tesoro real y por eso le