Con manos temblorosas me quité la capa y la tiara, dejándolas encima una mesa al lado del lecho, donde tomé asiento. Quería preguntarles a esas mujeres sobre los siguientes eventos para poder prepararme y lo consideré tan humillante, que me quedé sin palabras.
— ¿Todavía se mantiene en pie el panteón de mis ancestros? —indagué finalmente y en tono apagado.
La prima del rey se me acercó, sin atreverse a mirarme de frente y escuché un suspiro escapándosele entre los labios.
—No, alteza —me contes