El baño, la sopa que el astil del fuego me preparara y varias horas de sueño, hicieron que me sintiera como nueva. Ya estaba en condiciones de ocuparme de asuntos importantes y lo primero que hice fue consultar los informes de los nobles que permanecían en el campamento y responder las cartas que habían llegado de Áthaldar.
Las náuseas intentaban debilitarme y no tuve más opción que prohibirle al astil de la tierra que usara su fastidioso perfume, o no habría conseguido mantenerme en pie.
Rowna