Quise retirarme y él me lo impidió al llamarme la atención, reverenciándome para despedirse.
— ¡Luna gloriosa! —exclamó—. ¡Luna guerrera!
Le di la espalda y acepté la mano que el astil del fuego me ofrecía, porque no estaba segura de poder mantener el equilibrio.
Había conseguido detener los ataques, mediante un intercambio justo, y si todo se llevaba a cabo como lo planeaba, podría considerarla una victoria personal. Solo deseaba que Rownan estuviera a salvo y que Éhiel cumpliera con su parte,