El amanecer llegó demasiado pronto. Dante fue despertado bruscamente cuando Luna abrió la puerta de su habitación sin ceremonias.
—Arriba. El entrenamiento no espera a los dormilones.
Dante gruñó, cada músculo protestando mientras se sentaba. Luna le lanzó ropa limpia.
—Te ves terrible con esos harapos. Cámbiate y encuéntrame afuera en cinco minutos.
Cuando salió, encontró a Luna en un claro detrás de la cabaña. Había marcado un círculo grande en el suelo con sal mezclada con hierbas brillantes.