Los meses siguientes fueron definidos no por batallas épicas sino por trabajo duro y mundano de reconstruir.
Dante despertaba cada día antes del amanecer y trabajaba hasta que la oscuridad lo obligaba a detenerse. No como alfa distante dando órdenes, sino como lobo más trabajando codo a codo con su manada.
—Pásame ese madero— le decía a un joven guerrero mientras reconstruían una casa colapsada.
—Alfa, no deberías estar haciendo trabajo manual —el guerrero protestaba.
—¿Por qué no? —Dante respo