El sello se completó con explosión de luz cegadora. Cuando se disipó, Kaos había desaparecido, sellado nuevamente en su prisión. Pero Dante colapsó, su cuerpo sin vida cayendo al suelo de piedra.
—¡DANTE!— Luna corrió hacia él, sus manos ya brillando con desesperación. Buscó señales vitales.
—Está vivo— Luna sollozó de alivio. —Apenas, pero está vivo.
—¿Qué hizo exactamente? —Aria preguntó, arrodillándose junto a él, tocando su rostro pálido.
—Fragmentó parte de su alma— Zara dijo, horror en su