El equipo regresó al campamento como fantasmas derrotados. Dante cargaba a Aria en sus brazos, su cuerpo inerte y frío. Cada respiración de ella era superficial, irregular, como si la vida se filtrara lentamente.
—¡Luna! ¡Zara! —Dante gritó apenas cruzaron el perímetro del campamento.
Las dos mujeres aparecieron instantáneamente. Habían sentido a través del lazo que algo terrible había sucedido, y habían regresado del Templo lo más rápido posible.
Luna palideció al ver a Aria. —Dioses... ¿qué l