Helena comprendió que no quería locos en su familia.
No entendió el razonamiento de Gloria, pero estaba más que convencida de que la mentalidad retorcida era hereditaria.
Con más razón, rechazó la idea de tener los cachorros de Russell.
Helena la fulminó con la mirada. Gloria disfrutó de reír a carcajadas. Se calmó poco a poco. Acomodó su elegante ropa corporativa, en especial su saco rojo, y mantuvo una sonrisa profesional.
Sus ojos oscuros la miraron con una pizca de travesura.
―Pobre mi hijo