Las siguientes noches fueron intensas.
Helena luchó por cumplir su juramento, pero su cuerpo no cooperó.
Recibió las caricias calientes, besos hambrientos, roce insistente de aquel grueso miembro… Ella se sintió tan impotente al no poder atraparlo con sus propias manos y corresponder a todo.
Pero cada vez que ella lograba mover su cuerpo o hacía un sonido, el demonio huía despavorido.
«Maldit0 cobarde», pensó Helena.
Se sintió frustrada al no poder cumplir sus fantasías, ni dentro de sus sueños