El Gran Salón del Consejo, con sus paredes de piedra antigua y sus vitrales que filtraban la luz mortecina del atardecer, nunca había parecido tan opresivo. Helena observaba desde un rincón, intentando pasar desapercibida mientras los doce miembros del Consejo de Ancianos tomaban asiento en la mesa circular. El ambiente estaba cargado de tensión; podía sentirla como una corriente eléctrica que recorría la estancia.
Darius permanecía de pie, con los brazos cruzados y el semblante impenetrable. S