El dolor llegó como una llamarada, despertándola de golpe. Helena se incorporó en la cama con un grito ahogado, llevándose la mano al pecho donde la marca palpitaba como si tuviera vida propia. La habitación estaba sumida en la oscuridad, apenas iluminada por un hilo de luz lunar que se colaba entre las cortinas.
"Recuerda quién eres..."
La voz, suave como la seda pero firme como el acero, pareció surgir de las mismas sombras. Helena giró la cabeza bruscamente, buscando su origen.
—¿Quién está