Los días posteriores a la ceremonia de las Aguas de la Verdad transcurrieron con una aparente calma. La manada de Piedra continuaba con su proceso de restauración, pero una tensión subterránea recorría el territorio como un río oculto.
Lía no dormía bien. Cada vez que cerraba los ojos, las imágenes de la visión en el templo subterráneo regresaban con más fuerza: la daga oculta, la figura encapuchada, el símbolo oscuro. Algo dentro de ella murmuraba que el peligro no estaba por venir… ya estaba a