—¿Cómo puedes estar tan segura?
—Lo he visto.
—¿Entre los árboles? ¿En la oscuridad de la noche?
—Emmm...
La anciana larguirucha entrecerró los ojos, observando a Darian con desconfianza.
—No querrás decir que lo... ¿oliste? —Desvió entonces la mirada hacia mí.
Suspiré, frustrada.
—Nyra... aún tiene mucho que aprender —dijo Darian, con voz grave.
—Tú también —escupió ella antes de darse la vuelta y alejarse, arrastrando los pies. Las hojas crujieron bajo su paso mientras los otros la seguían en