—No... no puedes estar aquí.
—Shh, no grites —murmuró él con voz grave, apenas un susurro cargado de urgencia—. No estoy aquí para hacerte daño. Por favor, Nyra, por favor tienes que confiar en mí.
—Entenderás que me cuesta mucho trabajo creer eso, dado que la última vez que nos vimos, tú y tu familia intentaron matarme. Tengo algunos problemas de confianza.
Intenté rodearlo, pasar a su lado con el corazón golpeándome el pecho, pero su brazo fuerte y cálido se enroscó alrededor de mi cintura