Lobo Blanco Capítulo XVIII.
Después de cada patrullaje, en lugar de descansar, yo buscaba a mi cachorro. Le mostraba cómo rastrear presas por el aroma, cómo orientarse con las estrellas y cómo leer las huellas en la tierra húmeda. No importaba qué tan cansado estuviera: cada instante libre lo usaba para formar en él la fuerza que quizá un día no podría darle.
El cachorro lo notaba. Siempre lo notaba.
Una tarde, mientras repasabamos las señales de alerta que dejaban los lobos al marcar un territorio, el pequeño se q