Capítulo 76.
Los días pasaron con la calma que precede a una tormenta.
Era una sensación rara: el aire estaba quieto, pero todos sabíamos que algo se acercaba.
Aún no había rastro de la manada de Darius, y aunque la frontera permanecía en silencio, papá no se relajaba ni un segundo.
Cada tanto enviaba a Cleo a distintos puntos para vigilar los límites con el territorio humano. Ella siempre regresaba al anochecer, con ese vuelo ligero que parecía bailar sobre el suelo y una expresión solemne. “Nada aún”, d