El sol apenas asomaba entre las copas de los árboles cuando un aullido grave nos sacó del sueño.
Salté de la cama por reflejo, acostumbrada a los horarios de mi manada.
Zayn, Theo y mis primos ya estaban de pie, vistiéndose con movimientos ágiles.
En cambio, de las otras cabañas comenzaron a escucharse gruñidos, quejidos y un coro de protestas malhumoradas.
—¿Qué clase de tortura es esta? —resonó la voz de Roxanne.
—¡Aún es de noche! —se quejó Jared con un bostezo exagerado.
—Nos están matando