Capitulo 128.
Bueno, si lo analizábamos fríamente, yo lo seguiría aunque me dijera que íbamos a saltar desde un acantilado.
Por curiosidad, por supuesto. No por cualquier otra cosa.
Alderik avanzó delante de mí sin decir una palabra, apartando ramas con la naturalidad de alguien que conocía el bosque mejor que cualquier mapa. El terreno se volvía más irregular conforme nos internábamos entre los árboles, la tierra húmeda cediendo bajo mis botas, el aire cargado de sal y calor incluso lejos de la costa.
No sa