Capitulo 128.
Bueno, si lo analizábamos fríamente, yo lo seguiría aunque me dijera que íbamos a saltar desde un acantilado.
Por curiosidad, por supuesto. No por cualquier otra cosa.
Alderik avanzó delante de mí sin decir una palabra, apartando ramas con la naturalidad de alguien que conocía el bosque mejor que cualquier mapa. El terreno se volvía más irregular conforme nos internábamos entre los árboles, la tierra húmeda cediendo bajo mis botas, el aire cargado de sal y calor incluso lejos de la costa.
No sabía cuánto tiempo caminamos. Tal vez solo unos minutos. Tal vez más. El silencio entre nosotros no era incómodo, pero sí pesado, como si ambos estuviéramos pensando demasiado y diciendo muy poco.
Finalmente se detuvo.
Apartó unas ramas bajas y me indicó que pasara primero.
Entre los árboles, oculto como un secreto que no debía ser compartido, había un pequeño nacimiento de agua dulce. No era grande ni imponente. Era… tranquilo. El agua corría despacio formando un remanso claro, reflejando la lun