El olor a almizcle de mi furia y el aroma agrio de las lágrimas de Alana tardaron en disiparse del Gran Salón. Era el olor de la verdad fea. Me senté en el Trono Azuleja, rígido.
La advertencia final a Alana se sentía como un hierro candente grabado en mi propia piel. Yo era el Alfa, y la supervivencia era lo primero.
Estaba solo. Absolutamente solo.
Mi hijo, eso era lo unico en lo que podia pensar. Tan cerca de tenerlo conmigo. Aunque su madre, la hermana de Jane que se qeudó con el todos esto