Capítulo 79: No hay confianza, se acabó.
Salimos de la mansión y la escena que nos recibió fue un golpe en el pecho, un sonido mudo de esperanza y dolor mezclados.
La penumbra del crepúsculo estaba rota por la actividad. El patio trasero de la mansión, antes desolado y silencioso, era ahora un hervidero caótico, vibrante con la energía de la supervivencia. Habían llegado vehículos viejos, destartalados. Vi a Lobos Azulejas que yo creía muertos, o dispersos sin esperanza, levantando un campamento improvisado. Había abuelos, madres con