En el umbral, recortados contra la luz del exterior, estaban ellos.
Primero, la presencia imponente de Lucian, mi hermano, el verdadero Alfa. No parecía regresar de la guerra, sino ser la guerra misma. Sus ojos, fijos en Vlad y Kael, eran más letales que cualquier arma.
Detrás de él, entraron los demás, cada uno con una presencia que llenaba el vacío: Reyk y Deerk, dos guerreros nacidos para la batalla, con sus espadas desenvainadas al cruzar el marco por un segundo, antes de enfundarlas con un