Reyk guardó silencio por un momento, evaluando al híbrido bajo la luz lunar. Finalmente, suspiró y se cruzó de brazos, dejando caer su guardia por primera vez en días.
—No es la primera vez que Alana cae en un estado así —confesó Reyk con voz ronca.
Eiden sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con la temperatura del ambiente.
—¿Cómo es posible? ¿Envenenada por quién? ¿Por qué ella nunca mencionó un ataque previo? —Eiden acribilló a preguntas a los hermanos.
—Porque nuestra madre logró t