Reyk guardó silencio por un momento, evaluando al híbrido bajo la luz lunar. Finalmente, suspiró y se cruzó de brazos, dejando caer su guardia por primera vez en días.
—No es la primera vez que Alana cae en un estado así —confesó Reyk con voz ronca.
Eiden sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con la temperatura del ambiente.
—¿Cómo es posible? ¿Envenenada por quién? ¿Por qué ella nunca mencionó un ataque previo? —Eiden acribilló a preguntas a los hermanos.
—Porque nuestra madre logró traerla de vuelta —continuó Leo, tomando el hilo de la historia—. Pero Alana volvió sin recordar nada de lo acontecido. Olvidó todo un año de su vida.
Eiden se quedó mudo, tratando de procesar la magnitud de lo que escuchaba.
—Perdió cada recuerdo desde su cumpleaños número diez —explicó Leo—. Su mente simplemente se cerró para protegerla del horror.
—Ella creía que tenía veinte años cuando en realidad cumplía veintiuno hace un mes —añadió Reyk—. Nosotros, como sus hermanos, le hemos cuidado ese