Eiden detuvo el coche frente a la casa de Lena con el corazón latiendo con una fuerza que le dolía en el pecho. Se quedó un momento sentado, con las manos apretadas al volante, mirando la fachada de la gran construcción de dos niveles. Aunque técnicamente era la casa de una bruja, para ellos se había convertido en un verdadero hogar, el primero que sentían como propio después de tanto caos.
Desde que volvieron de la mansión Azuleja, tras el ataque de Daren y la secta, este lugar les había dado