Habían pasado semanas desde el escándalo, y aunque Nerysa removía cielo y tierra buscando pruebas de lo que sabía en su interior —que su hijo había sido víctima de una trampa—, el tiempo jugaba en su contra. Nadie había hablado. Nada se había demostrado. Y Elaria, astuta como una víbora, había desaparecido de la vista pública… casi.
Porque cuando Darién se ausentaba de la fortaleza, ella resurgía.
Vestida con colores lunares, telas brillantes y peinados que evocaban a una Luna oficial, paseab