Darien despertó con el cuerpo adolorido, la mente aturdida y los labios aún cargados del sabor de Aeryn. Se incorporó, extendiendo el brazo hacia el otro lado de la cama… vacío. El calor ya se había ido.
Unos golpes urgentes en la puerta lo sacaron del ensueño.
—Alfa, debe levantarse —dijo Orien al entrar, la expresión grave.
—¿Dónde está Aeryn? —preguntó Darien, aún medio dormido, con la voz ronca.
Orien no respondió de inmediato. Solo se mantuvo firme en la entrada, hasta que por fin habl