Los labios de Aeryn y Darien se encontraron con una ferocidad apenas contenida. El beso fue un choque de pasión reprimida y heridas sin sanar, una mezcla de rabia, deseo y necesidad acumulada. Sus cuerpos se aferraron como si temieran desvanecerse, y él la empujó suavemente contra una pared de piedra, las manos recorriendo su cintura, sus costados, su cuello con desesperación temblorosa.
El cielo estaba teñido de rojo oscuro. El eclipse estaba en su punto más mágico, más salvaje. La luna había