Había pasado algunas semanas desde la conversación en la Torre y el festival de la cosecha.
Aeryn se había levantado con más fuerza que nunca.
El color había regresado a sus mejillas, el fuego a su mirada, y su andar por los pasillos volvía a imponer respeto y admiración. La Luna estaba de vuelta. Y la manada lo sabía.
Día tras día, retomó sus funciones. Atendió asuntos internos, caminó entre los suyos, y por momentos, hasta permitió que Darien compartiera el espacio sin tensión. No era un