Aeryn continuó su camino, acompañada de su séquito. El sendero hacia la casa de Cael era tranquilo, pero la gente que encontraba a su paso seguía mostrándole respeto con pequeñas inclinaciones o palabras de alabanza. Algunos, incluso, huían al verla pasar, pero Aeryn no se detuvo. Con cada paso, su orgullo crecía más. Sabía que aún quedaba mucho por hacer, pero por fin se sentía en control, en camino a cumplir con lo que la manada esperaba de ella.
Al llegar a la casa de Cael, fue recibida co