El viento de la tarde se arremolinaba entre los árboles mientras el grupo avanzaba por el antiguo sendero que conectaba Brumavelo con Lobrenhart. Quedaba un solo día de camino. El ambiente era tranquilo… demasiado.
Nyrea cabalgaba junto a Darién, su vientre ya prominente, pero firme y segura, escoltada por Valzrum, Tarsia y los ocho guerreros seleccionados para la misión. Sus anillos de comunicación brillaban con tenues destellos, prueba del lazo que mantenían con los vigías de Lobrenhart.
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