Cael Fenros apareció por el extremo del túnel, rodeado de su escolta personal. Sus ojos, normalmente serenos, ardían con una furia contenida. Caminó entre Kaelrik y Sareth sin necesidad de palabras, y se plantó frente a su abuelo con la espalda recta, como lo hacía Joldar.
Aldrik levantó la cabeza, aún jadeando, los ojos llenos de veneno.
—¿Tú también, cachorro?
Cael no respondió de inmediato. Se limitó a observarlo, como si lo estuviera viendo por primera vez. Y luego, con voz firme, sin