Afuera de la tienda, la noche se había detenido.
Ni los grillos cantaban.
Ni el viento osaba soplar.
Los guerreros de Vyrden, los soldados de Brumavelo, incluso los sanadores… todos estaban de pie, inmóviles como estatuas bajo la luz espectral de la luna. Un escalofrío recorría el campamento, como si una fuerza más antigua que el tiempo hubiese descendido sobre ellos.
El aire se volvió espeso. Vibrante. Las partículas brillaban como brasas suspendidas.
Tarsia, con los ojos abiertos de