El viento cambió.
Sareth alzó el rostro desde el mapa extendido sobre la roca. Las hojas susurraban distinto, más tensas. Una vibración recorrió el suelo, una cadencia firme, conocida. No era amenaza. Era presencia.
—Viene —murmuró.
Los centinelas apostados entre los árboles no necesitaron una orden. Un leve chasquido de lengua y el bosque susurró el aviso.
Y entonces lo vio.
Entre la niebla ligera del amanecer, Darién Lobrenhart emergió con su escuadra. La armadura de viaje lo hacía